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TEXTOS
ZEN



¿Qué es el Zen?


¡Un chasquido de dedos!
Plantar una flor sobre una piedra...
Una sola mano aplaudiendo.
Aquí y ahora. Volver al origen.
Un maestro Zen encolerizado con su discípulo, le dice:
"¡Sal! ¡Ni por la puerta ni por la ventana!"



Somos arrastrados como nubes a través de nacimientos y muertes.
El camino de la ignorancia y el camino de la iluminación
lo recorremos soñando.
Sólo una cosa permanece todavía en mi memoria,
incluso después de despertar:
el sonido de la lluvia que escuchaba una noche
en mi retiro de Fukakusa.

Dogen



El maestro y el discípulo salieron a pasear por el campo.
El laurel estaba en flor y desprendía un delicioso aroma.
El maestro preguntó:
- ¿Hueles?
Sí.
- Bueno, entonces no tengo nada que enseñarte.



Liang Wu Ti,
el más devoto budista entre los emperadores chinos,
pidió en cierta ocasión a Shan Hui
su interpretación del célebre texto
llamado "Sutra del diamante".
Mientras subía al estrado,
Shan Hui rodó de repente escaleras abajo.
Acudieron prontamente a levantarlo
y ayudarle a que subiera al estrado, pero él dijo:
"No necesito ya subir".
"Pero, ¿cómo?", inquirió el emperador,
"¿no vais a explicar el texto sagrado?"
"Ya lo he explicado", respondió el maestro".



Unos ricos donantes invitaron a un banquete al maestro Ikkyu.
Este llegó vestido con ropas de mendicante.
El anfitrión, no reconociéndolo, lo hizo a un lado:
"No podemos tenerte en el umbral.
Esperamos en cualquier momento al famoso maestro Ikkyu".
El maestro volvió a su casa,
cambió sus ropas por el manto ceremonial y se presentó nuevamente.
Fue recibido con respeto e introducido en la sala del banquete.
Allí, acomodando su manto sobre el almohadón, dijo:
"Supongo que has invitado al manto,
ya que a mi me echaste hace un momento".
Y se marchó.



Suena la campana del templo y mis oídos la oyen,
pero ¿dónde se encuentra el sonido?



No puede comprenderse el Zen
con el intelecto ni con el sentido común.
Es necesario ir más allá de las palabras,
es necesario comprender con el silencio.
Lo importante es lo que se quiere decir,
no lo que se dice.
Debemos pensar desde lo más profundo
del no-pensar.
Pensar sin pensar.
Intuir...



En la montaña, cuando medito
todo está en calma.
La noche no tiene voz cuando me siento
tranquilamente para hacer za-zen.
La montaña profunda,
la noche,
una pequeña ermita.
El espíritu recto, el dojo.
La lluvia lava...
El viento pule.
Ir...,
ir juntos más allá del más allá,
a la orilla del Todo...



El discípulo pregunta:

-Maestro, ¿tengo razón en no tener ideas?
-Elimina esa idea - contesta el maestro.
-Os he dicho que no tengo ideas,
¿Qué podría eliminar?
-Naturalmente, eres libre de seguir
con esa idea inútil de la no idea.



La oscuridad existe dentro de la luz.
No os limiteis a ver el lado oscuro.



Marchar por la Vía no significa estar cerca o lejos,
el problema no esta ahí.
Marchar...
Si nos concentramos en el aquí y el ahora,
un paso tras otro,
llegaremos al final.
Si nos asalta la menor duda acerca de la distancia,
nunca llegaremos.


"¿Cuándo llegaremos?"
La distancia es larga, el tiempo pasa.
Y mientras pensamos nos olvidamos de caminar.


Aquellos que buscáis el Camino,
os lo ruego,
no perdáis el momento presente.



Un día Chuang Tzu y un amigo
caminaban por un río.
"Mira a los peces nadando allí," dijo Chuang Tzu,
"realmente están disfrutando."
"Tu no eres un pez," contestó el amigo,
"así que no puedes saber realmente que están disfrutando."
"Tú no eres yo," dijo Chuang Tzu.
"¿Así que cómo sabes que yo no sé
que los peces están disfrutando?"



Después de diez años de aprendizaje, Zenno consideraba que ya podía ser elevado a la categoría de maestro zen. En un día lluvioso, fue a visitar al famoso profesor Nan-in.
Al entrar en la casa de Nan-in, éste preguntó:

-¿Has dejado tu paraguas y tus zapatos afuera?
-Evidentemente -respondió Zenno.
- Es lo que manda la buena educación.
Yo haría lo mismo en cualquier parte.
-Entonces, dime: ¿colocaste el paraguas al lado derecho o al lado izquierdo de los zapatos?
No tengo la menor idea, maestro.
-El zen budismo es el arte de la conciencia total de lo que hacemos - dijo Nan-in. La falta de atención en los pequeños detalles puede destruir por completo la vida de un hombre.
Un padre que sale corriendo de casa, nunca puede olvidar un puñal al alcance de su hijo pequeño.
Un samurai que no mira todos los días su espada, terminará encontrándola herrumbrada cuando más la necesite.
Un joven que olvida dar flores a su amada, acabará perdiéndola.
Y Zenno comprendió que aun cuando conociese bien las técnicas zen del mundo espiritual,
se había olvidado de aplicarla al mundo de los hombres.



Pregunta el discípulo:

- Os ruego que me mostréis el camino de la liberación.
Responde el maestro:
- ¿Quién te tiene prisionero?
- Nadie.
- ¿Por qué buscas, pues, la liberación?



Habían transcurrido nueve años y Bodhidharma deseaba regresar hacia el oeste a la India. Llamó a sus discípulos y les dijo:

"Ha llegado la hora.
¿Por qué no decís cada uno de vosotros
cuál ha sido vuestro logro?"

El discípulo Tao-fu replicó:

"Tal como yo lo veo, [la verdad] ni se adhiere a las palabras o ideogramas ni se puede separar de palabras e ideogramas.
Sin embargo, actúa como el Camino".
El Maestro dijo: "Tú has obtenido mi piel".

A continuación, una monja, Tsung-chih, habló:
"Tal como yo lo entiendo, [la verdad] es como la contemplación dichosa de la tierra búdica de Akshobya:
se la ve una vez, y nunca por segunda vez".
El Maestro replicó: "Tú has obtenido mi carne".

Tao-yü dijo: "Los cuatro grandes elementos son, en principio, indeterminados; los cinco skandhas [agregados] no tienen esencia. Según yo creo, no hay Dharma alguno que pueda ser comprendido".
A éste el Maestro le dijo: "Tú has conseguido mis huesos".

Finalmente, quedaba Huík'o. Éste se inclinó respetuosamente y permaneció en silencio.

El Maestro dijo: "Tú has alcanzado mi médula".



Cuando Ninakawa estaba a punto de fallecer,
recibió la visita de un maestro Zen.
¿Puedo ayudarte? - le preguntó el maestro.
Vine aquí solo y me voy solo.
¿Qué ayuda podrías darme?
Si piensas realmente en ir y venir, estás en un error.
Déjame mostrarte la senda en la que no hay ir ni venir.
Con estas palabras el maestro reveló la senda tan claramente que Ninakawa sonrió y murió.



Sesenta y seis veces
han contemplado estos ojos
la belleza del otoño...
No pidas más.
Limítate a escuchar el rumor de los pinos
cuando el viento está en calma.



El pasado quedó atrás,
el futuro aún no ha llegado,
el presente se nos escapa;
las cosas cambian continuamente, sin ningún fundamento firme;
tantos nombres y palabras confusamente creados por sí mismos,
¿cuál es la utilidad de la vida, que transcurre inútilmente día a día?
No retengas tus viejas ideas; no persigas tus nuevas fantasías;
sincera e incondicionalmente, indaga y reflexiona en tu interior;
indagar y reflexionar, reflexionar e indagar,
hasta que llega el momento en que ya no son posibles más indagaciones;
ése es el momento en que podrás comprender
que durante todo tu pasado has estado en el error.



¿De dónde viene mi vida?
¿Adónde va?
Me siento en soledad en mi cabaña
y medito en silencio;
con todo mi pensamiento, no sé de dónde
ni llego a ningún adónde;
así es con mi presente,
eternamente cambiante: ¡todo Vacuidad!
En esta Vacuidad está el ego por un tiempo,
con sus síes y sus noes;
no sé dónde establecerlos,
yo sigo mi karma en su movimiento,
perfectamente contento.



Un día que estaba lloviendo, Kyosho el maestro dijo a un monje:
- ¿Qué es ese sonido que se oye ahí fuera?
- El sonido de la lluvia, maestro.
Era una respuesta sincera, y el maestro sabía desde el principio de qué se trataba.
A continuación, sin embargo, añadió:

- Todos los seres están confundidos, están siempre persiguiendo los objetos externos, sin encontrar el yo real.

Seccho comenta:

Una sala vacía y el sonido de la lluvia;
en verdad, una pregunta difícil de responder incluso para un maestro experimentado.



La cólera se hace diablo. La risa Buda.

Dos seguidores del zen estaban un día discutiendo sobre la doctrina.
Uno, llamado Chokei, decía:

Incluso de un arhat plenamente iluminado puede decirse todavía que abriga algo de las tres pasiones que envenenan (avaricia, ira y locura), pero en cuanto a Buda, nunca hace una afirmación errónea. Cualquier cosa que afirme es la verdad absoluta. ¿Qué dices a esto?

Hofuku respondió:

- ¿Cuál es esa afirmación de Buda?
- El sordo no puede oír.
- Estás bajando a un nivel secundario.
- ¿Cuál es entonces, según tú, la afirmación de Buda?
- Toma una taza de té, hermano monje.



En un templo budista, un buen día el maestro preguntó a sus discípulos mientras practicaban za-zen:

- ¿Qué hacéis?
- No hacemos nada.
- No; hacéis el no-hacer.



El emperador Wu-ti, él mismo un budista devoto no poco ufano de sus logros en favor del Budismo en todo el país, pregunta a Bodhidharma:

"¿Qué mérito he obtenido por haber hecho construir incontables templos, copiar sutras y ordenar monjes, desde el momento en que ascendí al trono?"

El Maestro respondió:

"Ningún mérito".

El Emperador replicó:

"¿Por qué ningún mérito?"

El Maestro dijo:

"Todos esos son motivos impuros para obtener mérito; todos conllevan el débil fruto de renacer como un ser humano o como un deva. Van en pos de una figura que es como una sombra, pero que no tiene realidad".

El Emperador dijo:

"¿Y cuál es, pues, el verdadero mérito?"

Éste repuso:

"Es el conocimiento puro, maravilloso y perfecto.
Su esencia es vacío. Nadie puede obtener ese mérito por medios mundanos".

Ante lo cual, el Emperador preguntó:

"¿Cuál es el primer principio de la verdad sagrada?"
El Maestro repuso: "Gran vacío, nada sagrado".
El Emperador dijo: "¿Quién es ese que ahora está ante mí?"
El Maestro replicó: "No lo sé"



El discípulo se dirige al maestro para preguntarle:

- Maestro, ¿cuál es la única palabra?
- ¿Qué dices?
- ¿Cuál es la única palabra?
- Has hecho dos de ella.



- ¿Cuál es el principio fundamental del budismo?
Suibi contestó:

- Espera, cuando no haya nadie te lo diré.
Pero como Suibi no dijera nada más, transcurrido el tiempo y no habiendo ya nadie, Seihei insistió:

- Ahora ya no hay nadie, instrúyeme por favor.
Suibi agarró por el brazo a Seihei y le llevó hasta un bosque de bambúes. Suibi permaneció en silencio. Impaciente y desconcertado, Seihei insistió nuevamente a Suibi para que le contestase.
Entonces Suibi se limitó a decir:

- ¡Qué altos son estos bambúes!
¡Qué bajos los de allá!

***

El zen está en esos bambúes sin necesidad de analizar, pensar, deducir, comparar. Hay que conciliar los opuestos y quien lo logra, está practicando el más puro zen.



En Sokoyi, durante una sesión de preguntas con Suzuki Roshi,
un joven preguntó:

¿Qué debe hacer un practicante de Zen en su tiempo libre?
Suzuki lo miró perplejo, repitiendo,
¿Tiempo libre? ¿Tiempo libre?
Lo volvió a repetir y luego comenzó a reír a carcajadas.



"En el pequeño mundo del zen americano, en ese verano de 1968 se produjo un gran acontecimiento. Un grupo de ocho maestros zen veteranos acudió al Centro Zen de Shunryu Suzuki en California.
En Japón, a un maestro no le gusta que otros maestros, en particular de otras sectas, vayan a hablar a su templo.
No quieren confundir a sus estudiantes
y son celosos.
Pero esto era América. Llegaron los maestros, visitaron la sauna y el arroyo de agua caliente, hicieron caligrafía y conversaron. Luego se acomodaron en la plataforma que ocupaba toda la pared que se había levantado al final de toda la sala, llena de invitados, y hablaron por turno.

Como último acto, todos juntos, maestros y discípulos, hicieron "zazen", o la meditación en grupo, sentados todos en silencio recogido, vigilados por el maestro con un palo plano en la mano (el célebre "kyôsaku") para golpear en el hombro a quien se duerma en el intento.
Bob Halpern era el que blandía el kyôsaku. Al comienzo soltó un grito al estilo samurai para mostrar a sus viejos maestros, Maezumi y Yasutani, allí presentes en el estrado, que no se había ablandado y que el espíritu zen no estaba dormido.

Se detuvo ante un estudiante que cabeceaba, colocó el ancho palo en su hombro y le dio un golpe en cada lado.
Se inclinaron los dos saludándose a un tiempo, y siguió.

Mientras caminaba lentamente por el pasillo de linóleo granate,
levantó su mirada para ver, a la luz de las lámparas de queroseno,
el elenco histórico de transmisores de la doctrina
y práctica del "dharma" en la tarima:
Suzuki, Yasutani, Nakagawa, Shimano, Maezumi, Aitken, Richard, Kobun.
Todos ellos cabeceaban, profundamente dormidos."



Una sola naturaleza
contiene todas las naturalezas,
una sola existencia
incluye totalmente todas las existencias.
Una sola luna
se refleja en todas las aguas,
todos los reflejos
de la luna en el agua
provienen de una sola luna.

Una sabiduría comprende todas las sabidurías:
un punto de la tierra
se expande a la tierra entera.
Nada es todo, nada es una sola cosa.

Vuestro zazen de esta mañana continua eternamente...







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