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Fundadora de "Hastinapura"












A veces, para ser un excelente alumno de la Verdad, es menester ser un pésimo alumno en el reino del error. Estamos en Kali Yuga, la tenebrosa "edad de hierro". La voluntad de Ser, es casi inexistente, la armonía interior se halla quebrada como una rama sin vida en la mayoría de los seres humanos, y todo ello ocurre porque no sabemos ser malos alumnos en el reino del error... El "Vicente" que todos llevamos dentro, sigue la gran comparsa humana, y sin mucho discernir, "va a donde va la gente"... y pasa que ese dios interior que somos internamente, ese "reino de los cielos que está en nosotros", no se aviene de muy buen grado a la constante transigencia con el error.

Crecen las neurosis porque el hombre se halla desconcertado, aunque ni él mismo lo sabe muchas veces que lo está. Ello ocurre porque "Vicente va donde va la gente". No sabe ser mal alumno en el reino de la equivocación; por el contrario, es experto aprendiz de todo lo que no debe desearse, o hacerse.

Así pues, Hastinapurano, te invito a que seamos pésimos estudiantes en la gigantesca Universidad de los Rakshasas en que se ha constituido nuestro planeta. Después de todo, el sabio no es sino un pésimo alumno en la facultad de la mentira. Todo cuanto esta le promete, si inclina la cabeza y transige en la aplicación de sus enseñanzas, al hombre sabio no le interesa: no aprende... y por eso, precisamente, se eleva a la sabiduría.

India nos relata el caso del célebre Pralad. Durante años sin cuento, sus Maestros trataron de llevarlo por el camino del ateísmo. Pero Pralad era un excelente mal alumno y no pudo aprender nunca, absolutamente nada de las largas disertaciones y razonamientos dados por sus "maestros". Amaba a Dios con todo su ser, lo descubría en cada hoja caída o cada flor abierta al beso inocente de la aurora. Pralad pasó a la historia de ese pueblo místico, y fue, y sigue siendo, el símbolo del alma que sabe cuando cerrar los oídos a las palabras vanas.

Afiánzate, Hastinapurano, a tus libros místicos, cruza el mar de Maya, en el sagrado barco del recto discernimiento.

Aprende a ser un mal alumno del error y te elevarás naturalmente al reino de la Sabiduría.






En este siglo nuestro, muchas son las personas que se apartan de su religión diciendo... "Yo no creo en la Iglesia cristiana... yo no creo en Jesucristo... yo no creo en mi religión budhista, no creo en el Budha... no creo en Mahoma y sus secuaces... no creo en Vishnu".

Por todos los pueblos de la Tierra, y en todas sus bellísimas religiones, se levanta la ola de este "no creo", nacida de la mente de los hombres que sólo tienen ojos para la forma externa con la cual se visten los diferentes cultos... mas... Nuestro Divino Señor, Dios nuestro, Absoluto, Misterio, o lo que fuere, es como el agua: el agua calma la sed de todos, el agua nos limpia, el agua nos refresca, el agua nos da vida. Algunos, van a la fuente en busca del agua y para ello portan un vaso de cristal muy bello, otros, de vidrio, otros de tosca arcilla... pero el agua en todos esos recipientes, es siempre la misma: ES SIEMPRE AGUA, como DIOS ES SIEMPRE DIOS, no importa el culto por medio del cual se Lo busque. No debemos tener ojos críticos para la forma del "vaso" que Lo contiene, sino que debemos tratar de BEBER EL AGUA DE LA FE EN DIOS, que las diferentes liturgias tratan de alcanzarnos. Toda religión trata de DESPERTARNOS A LA FE: ¡¡ESTO ES LO IMPORTANTE!! ¡¡ABRAMOS LOS OJOS DEL CORAZON PARA VER ESTA VERDAD!!.

¿Por qué quedarnos en los errores de la Iglesia, o los errores de los Sufíes árabes o los errores de los Lamas budhistas? Las religiones y los religiosos, al estar dentro del tiempo, se hallan sujetos al error... ¡¡PERO NO LA FE!! Cuantas almas buenas, se han apartado del Camino Espiritual, por haber tenido ojos solamente para mirar los desaciertos de los "hombres de religión". ¡Qué lamentable, qué triste ceguera esta! Es cierto que muchos se han equivocado, muchos han dogmatizado, muchos han trastocado las Divinas Enseñanzas de los diferentes maestros mas... allende el error ¿qué puede ser más bello que el "ama a tu prójimo como a ti mismo" (cristianismo), "el odio no cesa con el odio, el odio cesa con el AMOR: esta es una Ley muy antigua" (budhismo). ... "Posa tu mente en Dios, sé Devoto de Dios, sacrifica todo en honor a Dios; póstrate sólo ante Dios" (hinduismo)?

No debemos ver el error, no debemos mirar los vasos que van en pos del Agua: ¡¡BEBAMOS EL AGUA DE LA FE QUE ESOS VASOS NOS TRAEN!! ¡¡De esa manera, abriremos los ojos del corazón, aprenderemos a ser humildes y tolerantes, y estaremos más cerca de la Felicidad, la constante alegría espiritual, seremos Soles en nuestra sociedad, dispuestos a iluminar, a comprender, a Dar, más allá de la crítica mordaz que sólo sabe abandonarnos en las tinieblas!!.

Hay otro error terrible, inmensamente trágico, que ha enlutado el corazón del mundo y ha hecho que se viertan mares de sangre y de dolor: el dogmatismo. El decir "sólo mi religión es verdadera"... "el Hombre sólo se salva si es cristiano, si es hindú, si es musulmán"... ¡Qué vergüenza que seres humanos adultos, piensen todavía hoy, de ese modo! La "Santa Inquisición" del Cristianismo, quemó vivos a más de siete millones de seres humanos, por "herejes", como se pensaba antes, en grandes hogueras de terror y de fuego. Los budhistas, devastaron, asesinaron, masacraron ciudades enteras de India, para imponer la religión del Budha, persiguiendo con saña criminal a los brahmines hindúes, que no profesaban la religión del Budha... Los musulmanes, espada en mano, degollaron centenares de miles de seres humanos, porque estos no querían convertirse a la fe de Mahoma...

¿Hasta cuando vamos a tolerar este estado de barbarie? ¿No es hora de levantarnos y exclamar,

¡Hombres despertad a la Verdad!
¡Todas las Religiones son verdaderas!
¡Todas nos salvan,
todas tratan desesperadamente de abrirnos los ojos
a la Gran Verdad del Amor!


¡Deponed la magia negra del dogma, lavaos el corazón de fanatismos! ¿Qué pasaría, si un ortodoxo grupo de musulmanes, se enfrentara a otro ortodoxo grupo de cristianos? Los misiles atómicos serían poco para herirse, destruirse y lacerarse los unos a los otros!

Ya lo hicieron en la antigüedad con espadas y pólvora y fuego. Pueden volver a hacerlo en cualquier momento, en cualquier momento, con armas peores. ¡¡¡De allí que sea inmensamente necesario que despertemos conciencias, conciencias a la verdad de la religión universal!!!

Decir "Religión Universal", no quiere decir "dejar mi religión, mi culto, mi Dios,"... sino todo lo contrario: ver en mi Religión y mi culto, una forma Divina de ese Dios-Uno que guía y se halla también, en los otros hombres y las otras religiones que sólo en la forma son diferentes a la mía. Nuestra comprensión y amor al ser humano deben ser inmensas, si queremos ayudar al plan Divino a hacer del mundo nuestro, un mundo de paz.

Los cristianos, por ejemplo, repiten hasta el cansancio que sólo Cristo salva, pues El mismo dijo "Yo soy el Camino, La Verdad y la Vida: nadie llega al Padre si no es por Mi"...

Y es cierto: ¡NADIE LLEGA A DIOS SINO POR EL AMOR! Jesucristo era y es la encarnación de ese Amor, por medio del cual se llega a Dios... pero, es claro, pocos son los que leen el trasfondo de sus palabras, y así, sólo se atienen a la letra muerta que divide y separa a unos de otros.

Todo Gran Maestro es el Camino,
es la Verdad y es la Vida del alma,
pero este camino, no pertenece,
como propiedad exclusiva,
a ninguna religión en particular.


Los árabes a su vez, niegan la divinidad de Jesucristo, arguyendo que Jesús sólo fue uno de los tantos Profetas, glorioso por cierto, pero... sólo un Profeta, y dicen que la religión verdadera, es la religión anunciada por Mahoma, y el verdadero Dios, es "ALA"... Para ello, se apoyan en palabras del mismo Jesucristo, que dijo que enviaría a un abogado del Padre, que traería la buena nueva... Eso se halla en el Evangelio de San Juan... y es una vergüenza, una puerilidad, un infantilismo, tratar de desmerecer la religión cristiana, parapetándose en esas palabras, a las cuales se comprende de acuerdo a la conveniencia de un mero punto de vista.

¡Esa forma de pensar, son la VERDADERA BASE DE LA GUERRA! ¡Esos sentimientos de dogmatismo -que es una forma del odio- son las raíces de la violencia, el crimen, el desastre mundial!

Un alma grande, una criatura humana de inteligencia elevada, huye de todo eso, y trata de enderezar sus propios puntos de vista, para no sumar error, tiniebla e ignorancia a los ya numerosos errores del mundo.

Así pues, huyamos despavoridos de nuestros "puntos de vista", no creamos en nuestra "inteligentes" opiniones, y con el corazón purificado por el amor, exclamemos:

¡¡¡ Oh Dios mío, te AMO. Te amo en todos tus cultos, en todas tus liturgias, en todos tus templos, pagodas, mezquitas, sinagogas de la Tierra. Tú eres el Sol, y esos templos son tus rayos. Tú eres la Vida del Alma, y los Grandes Maestros de todos los cultos, son los que nos despiertan a esa Vida tuya que es la FE. ¡Voy a creer, voy a rezar, voy a hincarme de rodillas, o practicar asanas, o mirar hacia la Meca al adorarte con un sentimiento de pureza, de fraternidad, de comprensión hacia TODOS TUS HIJOS DE LA TIERRA!!!

Yo creo que Tú eres Dios-Todo. Yo creo que ningún culto que nos hable de Tu Amor, por diferente que sea al culto mío, deja de estar comprendido dentro de Tu Omniabarcante Naturaleza. Yo creo que como Padre, NO PUEDES TENER HIJOS NI RELIGIONES PRIVILEGIADAS. Yo creo que Tú, a todos nos amas y a todos nos conduces y muestras el camino

Libérame Dios mío de mi yo pequeñito, infantil y mordaz, que quiere verte sólo a través de su pequeña captación de Ti. ¡Tú eres un Gigante! ¡Tú estás en todas partes! ¡Estás en mi, y estás en el budhista, el jaino, el zoroastriano! ¿No cuidas acaso la vida de las grandes secuoias, con el mismo esmero que lo haces con las margaritas y violetas? ¡Pueda mi corazón entenderte en toda tu magnificencia! ¡Pueda matar en mi la tendencia al dogma y el fanatismo, porque sólo así, y así únicamente, hallaré el Divino Sendero de la FE!




Yo creo mi Señor, que Tú eres Todo,
porque eres Amor.








Había una vez, en los grises dominios de Myalba, un Reino bienaventurado cuyos habitantes sólo poseían un único anhelo: concienciar sus naturalezas divinas y por ende, reunirse con Dios. Era inútil tratar de tentarlos con otras clases de bienes terrenales. Algún viajero de otros reinos, que se detenía en él, solía decirles:

-El oro todo lo conquista. Trabajad para poseerlo. No hay mayor ventura que la de la fortuna. Con ella todo se compra, todo se conquista: palacios, tierras, placeres incalculables...

Y ellos, pacientemente respondían:

-Viajero, nos habláis de la riqueza de la muerte. Arcones de oro, no pueden conseguirnos la inmortalidad, ni otorgarnos la conciencia celeste. Lo que nace en el tiempo, este lo devora. No... no queremos trabajar motivados por el oro... Tu felicidad, efímera como el soplo de los vientos, no es aquella que anhelamos. Nosotros tenemos los ojos puestos en lo infinito y sólo a ello nos devocionamos. Es torpeza desear lo perescible y no ven claro ni de frente a la Verdad, quienes se someten a las leyes de las sombras.

De tanto en tanto, se allegaba al Reino algún erudito, un sabio, un hombre de estudios, para quien resultaba extraño el comportamiento de los habitantes del lugar.

-Nada hay -dice entonces- como la mente que bebe en las aguas del conocimiento. Este le proporciona bienes incalculables, la ciencia, por ejemplo... la filosofía...

-No, responden ellos una vez más. No nos interesan los tesoros de la mente. Ella se viste y se desnuda de saber o ignorancia al paso del tiempo. Lo que sembramos en sus dominios, tiene la consistencia de una gota de agua puesta bajo los rayos del sol... La mente, como la griega Penélope, teje y desteje sus mantos de humo que no resguardan ni entibian al alma donde el Ser está ausente. Con ella y sus artilugios, puedes sondear este mundo ilusorio, pero es mala nave para llevarnos al puerto de la Eternidad.

Algún Santón, enamorado de sus rosarios y sus místicas, aconseja entonces: nada hay como las Escrituras y mandamientos. Quien los cumple, conquista el cielo y al abandonar su cuerpo físico mora en él, sin duda alguna... El cielo, como la tierra, es perecedero, dicen entonces los habitantes del Reino. Se halla en la manifestación, su durabilidad es mayor que la de la materia densa, mas... ¿no permanecen también, por mayor tiempo los soles, para terminar muriendo, como el más sutil de los pájaros? Nosotros añoramos otro cielo que el tuyo, y otro Dios...

Escrituras y religiones han habido por millares, y por millares también grandes maestros de sabiduría. Sin embargo, pasaron como pasan los siglos y milenios. El tesoro que buscamos no se sujeta al tiempo ni posee lugar en el espacio... Nuestro tesoro es ese Dios, Padre de todos los innumerables dioses de las innumerables religiones que conociera esta tierra. Nosotros somos su morada y hasta tanto no lo descubramos en nuestro corazón, de nada vale salirse a conversar con las ilusiones de la vida, con sus innumerables tentaciones ya sean de fortunas, conocimientos o dogmas. Un espíritu maduro, como un hombre maduro, sonríe comprensivamente ante los juguetes que fascinan a los niños... Nosotros anhe-lamos dejar de serlo, y es por eso que, viviendo entre pequeños, por pocos logramos ser comprendidos.

Ese Imperio de Imperios se llamó una vez, hace mucho tiempo, HASTINAPURA... En él moraban las almas diamantes. Era bello, con esa belleza extraña ante la cual la misma Madre tierra se inclina reverente, y para el cual, las mismas estrellas del cielo quisieran convertirse en piedrecillas para engalanarlo, sintiéndose honradas si aceptadas para tal fin, pues todo el universo se inclina respetuosamente ante aquellos que hacen del Bien Absoluto su única aspiración y su Patria.

Quienes se fanatizan por una determinada idea, perecen con ella, pues cogen para cubrirse vestiduras temporales. Nosotros somos La Idea de Dios, y hasta tanto no intimemos con ella, seremos pobres y estaremos desnudos como los mendigos, no importa cuán reyes nos creamos.

Todo fanatismo lleva la muerte en sí; sólo la liberación de la ignorancia y la comunión con Dios-Uno, el Dios de los mil rostros y las mil religiones, el Dios cuya religión es El mismo en el templo del alma humana, puede otorgar la felicidad bienaventurada e imperecedera.

Ahíto de dogmas y puntos de vista, este mundo marcha de una tormenta hacia otra tormenta mayor. No hay puerta de salida para quien se une en esponsales con la ignorancia. Ve mal, quien ve sólo una parte del Todo.

Llegar al Todo es la cuestión,
y es la tarea del ser maduro espiritualmente.


Re-ligarnos, no ser religiosos, es el gran desafío. Hay millones de hombres de religión, pero pocos, muy pocos seres re-ligados a su alma diamante. Quienes lo están, transforman el mundo en paraíso, florece de bienes el universo entero a su paso, pues al conquistar la ilusión sin dejarse poseer por ella se convierte en su amo.

Sembremos pues, esas semillas de vida y dejemos que las manos de Dios las eleve hacia el sol del autoconocimiento...

Comenzamos diciendo "había una vez..."
y deseamos finalizar exclamando "habrá una vez..."

Todo se repite, todo gira en torno a la Gran Rueda que muele una por una las piedras de nuestra ignorancia.

El tiempo es la rueda de ese sagrado molino; las piedras son nuestro avidya.

Cuando todo deje de girar, será porque el trabajo habrá concluido y habremos reconquistado nuestra alma diamante. Entonces... ¿Dónde estará la gran ilusión? En sitio alguno, porque el mundo está en la mente aún opaca y débil como para comprender que, en realidad, el único mundo que existe es Aquello de lo que somos su misma, indivisible esencia...






Muchas veces, a pesar de conocer la dirección de nuestro Camino Hastinapurano, descubrimos que en la inquieta mente despiertan intereses un poco extraños y peligrosos.

-¿Qué será el tarot, las brujerías, la umbanda? ¿Qué simbolismo esotérico tendrán los anillos de Saturno? ¿Se podrá visualizar el chakra muladara? ¿Y los "Maestros de Sabiduría", como serán, como podremos informarnos sobre ellos? ¿Cuál es la repercusión que tienen sobre los cuerpos sutiles, los elementos ocultos y cósmicos de las hojas de coles?

La mente encierra en sí todo el universo, y el universo es pluralidad en su manifestación más densa y esencia divina y Dios mismo si se lo contempla como sagrada síntesis: de nosotros depende, de nuestro grado de conciencia con que parte suya vamos a identificarnos.

Cuidado: si caemos en la identificación con el fenómeno, si le prestamos una desmedida atención, y a este damos nuestra energía, no sólo nos alejaremos de la Ruta verdadera, sino que iremos a despeñarnos trágicamente en ese mundo oscuro de la psique que hurga y hurga deseosa de saber sobre lo superficial, y así se torna débil para tomar el Sendero de la auténtica Realidad.

Existiendo libros magistrales como "Consejos a los Ascetas", la "Filokalia", el "Bhagavad Gita", etc., etc., ¿por qué, ese errabundo deseo de investigar en lo fantástico? La meta del ser humano es acercarse con toda su alma a la Fuente de Luz Una que es Dios. No tiene el hombre dos destinos: el Destino del Hombre es Uno Solo. Si nos cuesta comprender esto, es porque la mente se halla impura, pletórica de mundo, sucia, no alcanza a ver más allá de las nubes pseudo racionales que la cercan. Habrá entonces que purificarla, y para eso, nada, mejor que una buena dosis de Meditación, Meditación como nos señala la Filokalia, el Bhagavad Gita, Meditación que no nos aleje del Camino, sino que nos acerque a él.

Los Directores Nacionales y Jefes de Filiales deben orientar a sus jóvenes discípulos al cultivo y desarrollo de la MENTE CELESTE (chitta shuddi, mente pura) alejándolos de todo cuanto los incrusta en ese mundo fatídico de la curiosidad fenoménica.

Hastinapura es Fe y Servicio: se medita en Dios Nuestro Señor, y se sirve del mejor modo que cada quien pueda, a la Vida,

sea regando una planta, curando un animalito herido, o alimentando y vistiendo a los que tienen menos fortuna que nosotros. En esa maravillosa conjunción de plegaria y acción inegoísta, radica la clave de la realización del Hombre; y cuando decimos "hombre" no nos referimos tan solo a aquellos que poseen tendencias místicas; hablamos también del político, el obrero, el militar, el comerciante, el artista. Fe y Servicio, como enseñan los sabios, son la Base de toda conducta humana: sobre sus cimientos, se edificaron culturas e imperios, seres santos y santas, grandes creadores, poderosos reyes como los viejos maestros Pandavas, y sublimes Realizados como Sankara y otros.

Tantos libros y tratados sobre teorías sociales, económicas, luchas de clases, tantos partidos y partidarios de los partidos que pululan en nuestro planeta buscando cada quien, con su verdad fragmentaria operar sobre el cuerpo dolido de la raza humana, tanta celulosa perdida, tanto bosque talado, para que los que adolecen de diarreas cerebrales excreten sus opiniones y las acuñen en libros o periódicos como la gran solución a tanta hambre, tanto desconcierto, tanta angustia... siendo que la Verdad está allí pura y sencilla, como toda Verdad, como un rayo de Sol, señalándonos el Sendero a seguir, Sendero que se alcanza cuando, ahítos de tanto pensamiento se busca en serio, pero EN SERIO salir del enredo y el caos: para toda la Humanidad, el Camino comienza y termina en la Fe y el Servicio. Un hombre sin Fe, se convierte fácilmente en un hombre de error, y un hombre sin auténtica conciencia de Servicio, dondequiera este, es un tirano, un déspota, un negativo capataz, un mal sargento de su prójimo.

El que no sabe servir, busca siempre ser servido, y el que no ama a Dios sobre todas las cosas, se ama a sí mismo más que a nadie.

Así pues, cuando en nuestras cátedras tratamos de purificar la mente de nuestros alumnos, estamos colaborando con la Vida: no los insertamos en el fenómeno, los extraemos de ello para Unirlos con lo Esencial de acuerdo a las posibilidades de cada quien. Sean quienes sean, cuando dejen nuestras aulas, si comprendieron lo que en ellas se les impartiera, serán seres útiles a la sociedad, buenos maestros, artesanos, profesionales, obreros, buenos, porque en sus mentes, habrá podido engarzarse la joya magistral de esa Fe y ese Servicio, que tanto engalanan el corazón de los hombres buenos.

En Hastinapura queremos trabajar por el ser humano, beneficiarlo, cuidarlo del peligro de una mente demasiado inquieta;

porque amamos este maravilloso mundo, territorio de Dios, es menester colaborar con quienes lo habitan, para que hagan del mismo un lugar de paz y anhelos celestes, digno de ser vivido.







Era mudo como una flor. Dondequiera que iba, llevaba su perro a cuestas, un cuzco pequeño, de largas guedejas blancas al que acariciaba continuamente. Lo paradójico de la cuestión, es que todos en el Monasterio de Chi Huen Sang no hacían más que leer las conferencias que veinte años atrás lo consagraban como uno de los más grandes oradores del Tíbet. En un punto de su largo camino había decidido dar muerte a la palabra. Sepultó para siempre al juicio, desterró de sus labios al cascabel musical de la retórica y se fue por sí solo, a morar en la patria del silencio. Se llamaba Gurio y sabe el Cielo si tenía su cuerpo físico treinta o noventa años. A veces, correteaba como un joven, besaba las champacas y lotos abiertos a la vera, mientras, que otras, andaba con paso vacilante, lloroso, encorvado, moviendo apenas los pies como si estos hubieran gastado ya todos sus pasos posibles.

Si que era raro Gurio el Jardinero, Gurio el monje, Gurio el orador, Gurio el mudo. Yo me hallaba de paso en esas tierras sagradas. Ahíto de mundo, buscaba dentro mío el sendero sin huellas del Espíritu. Pero no lo encontraba ni entre filósofos ni entre monjes. Estaba solo y me sentía triste. De lectura ni hablemos. Ningún libro erudito logró escaparse del hambre voraz del gigante ciego de mi mente. Ninguno más docto que yo en el arte de las verborragias cerebrales, y ninguno tampoco más vacío. Había deseado hallar el Gran Camino, pero, evidentemente, seguí la flecha errónea, la que aparentaba conducirme a él, pero que en el fondo no lo hacía. Me sentía traicionado y lo que es peor aún, mi corazón se hallaba cubierto con el manto fatídico del escepticismo. Una mañana, el monasterio se llenó de voces desesperadas. Gurio se había muerto allí, entre sus lotos y champacas. Su viejo cuzco había desaparecido para siempre.

Se lo cremó según la costumbre, entre bostas vacunas y leños secos, en un rincón del viejo parque. Eso fue todo. Regresábamos de la ceremonia cuando uno de los monjes más jóvenes me dijo:

-Murió porque no pudo perdonarse a sí mismo... Murió de pena.

La curiosidad restalló en mí, y era viejo y conocido látigo al que siempre me había entregado. Quise saber más sobre el asunto.

-¿Cómo es eso? interrogué. ¿Cómo que no se perdonó a sí mismo?

Se acercaron entonces algunos monjes y me confiaron la verdad de Gurio.

-Era un príncipe de la casa real... y sabe el Cielo que poseía las más bellas cualidades espirituales que pueda tener un joven, pero...le faltaba humildad, tenía un Maestro, el que hubiera dado la misma vida por su joven discípulo. Gurio no poseía las marcas de Budha, pero para Tai, el Maestro, Gurio era Ananda, era la encarnación misma del chela y estaba empeñado en conducirlo hacia la Liberación. Al principio, Gurio le obedecía en todo. Se hallaba, él también, hechizado por el viejo Maestro, hasta que un día sucedió lo inevitable: Tai le pidió que se apartara de sus discursos y lo sometió a la ley del silencio. Anhelaba encontrar "la otra Gran Voz" en su corazón, anhelaba que Gurio la escuchara. Cuando la mente calla, se despierta la música interior, entonces, todo se ve claro, se tiene todo porque todo se ha perdido. Esto fue demasiado para Gurio. Comenzó a rehuir la compañía de Tai, comenzó a esquivarlo, y como nunca, arreciaron sus discursos en Monasterios y Universidades. La gente se postraba a sus pies, besaba su túnica, lo trataban como a la encarnación de un Dios... Gurio se sentía orgullosamente feliz, pero, su felicidad tuvo una duración muy breve.

Su Maestro, como él ahora, amaneció un día muerto. Sólo quedaba en su celda, ese viejo perro del cual luego no se separaría jamás. Tai le había dejado una carta muy breve que decía: "por el camino del ego, marcha uno hacia su propia perdición. No me quisiste como Maestro. Tal vez aceptes este otro que la vida pone a tu paso. Aprende de su mansedumbre, aprende de su devoción al hombre, aprende de su fidelidad... ¡Oh Gurio, canje macabro has hecho! Me muero de tristeza pero te dejo a Liko, mi perro. Los ciegos suelen marchar con uno a su costado y tu eres el peor de ellos porque no has podido ver la Luz del alma. Yo rogaré, ya en lo sutil, para que despiertes"...

Desde ese día fatal, Gurio cambió completamente. Creíamos que se moriría detrás de su Maestro, pero no, le sobrevivió muchos años. Tomó en el Monasterio el hábito de hacer los trabajos más pesados y penosos, jamás se quejaba, eso sí, poco a poco dejó de hablar, hasta que enmudeció su voz por completo. Lloraba amargamente, con gritos a veces aterradores y mientras acostaba a su perro en su Jergón, él lo hacía sobre el suelo. Honraba a Liko y le hacía ofrendas diarias como si se tratara de un Deva. Sabedores de su dolor, nosotros lo permitíamos piadosamente. Hoy ha muerto pero... ¿Habéis visto la paz de sus ojos abiertos, junto a las champacas? El ha hallado la Luz, las oraciones de su viejo Maestro no fueron vanas...

Las voces cesaron. Los monjes continuaron su camino. Yo me quedé allí detenido en ese lugar. No hubiera podido dar un paso. Todo mi cuerpo temblaba. Gracias al cielo estaban ya lejos los monjes cuando comencé a llorar como un niño. Yo también acababa de hallar la dirección del Sendero. Mi ego, saturado de conocimientos, mi erudición pomposa iba hacia la senda equivocada de Gurio. Pero ya no.

Comprendí en un instante que toda la magia arcana de la Sabiduría se despierta corazón adentro y no mente afuera. Los ojos físicos son apenas portales de la Gran Verdad, pero para hallarla hay que despertar a los otros, de la humildad, y la obediencia.


Extrañamente, supe entonces que con la muerte de Gurio, había comenzado mi nacimiento...







¡Discípulo, cuidado! Decenas de "editoriales pulpos", generadoras de sombras, extienden a diario sus tentáculos para atrapar al lector inocente que cae desprevenido en su poder. Son negras floraciones de cerebros de piedra, donde no puede repercutir el canto mirífico del Alma, cuya música trata de enamorarnos del Cielo.

No todo lo que se publica, ni todo lo que viene precedido de extensa propaganda es siempre bueno. Miles de libros de magia, ocultismo y "nuevas" psicologías, son editados a diario. Productos hechos para la sociedad de consumo, atrapan a los siempre atentos a la "última novedad de plaza". No caigas en esa trampa, no "leas por leer". Alguna vez tuviste lágrimas en los ojos al contemplar un amanecer, un niño, una flor... Que ese sentimiento tuyo no sea destruido por los milenarios mercaderes que ayer como hoy, han acostumbrado y acostumbran exhibir sus baratijas frente al Templo del Señor, que es tu Espíritu, para desviarlo del RECTO SENDERO.

Recuerda: hay enseñanzas Universalistas que te serán útiles. ¡Atente a ellas! Son consejos de sabios y de santos, consejos dados por los grandes Maestros de la Humanidad, florecidos en todas las culturas, razas y credos de la historia. Recíbelos como el sediento el vaso de agua fresca, sin recelos, con humildad. Tanto se le ha mentido y engañado a la criatura humana, que aprendió a sospechar hasta de su sombra. Por eso te digo: recibe esto sin recelos y -te repito- con humildad.

PRIMERO: Para la construcción de tu Ser, Dios, Nuestro Señor te ha otorgado elementos perfectos: tus horas, tus minutos, son esos elementos
.

Créeme, cada día al que arrojas en el pozo profundo de los caprichos personales, te hundes un poco más en la ciénaga de Maya. ¡¡¡Mezquínalos!!! Que nadie te los quite, que siempre Aquel que te los ha dado, halle que los utilizas para la edificación de la Luz en ti. Has de levantar paredes sólidas y firmes en tu Reino, has de construir en tu interior, puentes de paz, por los cuales puedan acercarse a ti, los rayos dorados de los PENSAMIENTOS RECTOS Y LAS RECTAS ACCIONES.

Así, el cuidado de tu tiempo, con todo el esmero del que seas capaz, debe ser tu regla número uno. De él te hablaré aquí, una y otra vez, pues es imprescindible que atesores tus minutos, tus horas, tus meses. ¡¡¡No te rodees de "amistades-cadenas"!!! Unos, te invitarán a "tomar un café"... otros, "a cenar"... Pregúntate ¿De qué hablarán? ¿Del arte de orar? ¿Del Sermón del Monte? ¿De la virtud del perdón? Mentes mundanas sólo hablan mundanalidades; esta, la mente como el agua, tiende a igualarse siempre por el nivel más bajo, y así, sin que te des cuenta, te hallarán hablando de necedades, te oirán criticando, opinando sobre tu prójimo y su conducta, la caída de la economía, la última prueba nuclear. Irás pues, a un despeñadero, del cual saldrán tus alas maltrechas y adoloridas.

SEGUNDO: Si eres un celoso guardián de tu tiempo este segundo paso será extremadamente fácil para ti: el cuidado de tu mente. ¡Déjala reposar en Dios! ¡Piensa en Dios asiduamente, afírmala en El, ora, medita, reza! ¡Vigílala constantemente!


Ella recuerda, es una niña a la que no debes abandonar en el parque de la desatención, pues, se perderá detrás de cualquier juguete, llorará por cualquier cosa que no pueda alcanzar , por la muñeca que perdió, o la golosina que no pudo comprar...

El lamento es bandera de la mente desatenta: el lamento, la angustia, la tristeza y el lloro constantes. Te recuerdo algo que ya estudiaste, pero que... quien sabe si lo tienes presente. Es lo siguiente: la mente sin deseos no trabaja: sin deseos es quieta y sumisa a la voluntad superior del espíritu. Si permites que en ella se levanten de continuo las olas del deseo, hará de ti una criatura opaca y sin luz, te tendrá en su poder, serás martirizado por sus efímeros anhelos.

TERCERO: ve la diferencia fundamental que existe, según enseñan los Upanishads, entre lo placentero y lo bueno:


ambos conducen a fines completamente distintos. El que escoge lo bueno halla la perfección y por ende la felicidad, que es su corona. El que escoge lo placentero, pierde el Objetivo Celeste, esto es el Ser. No lo realiza, queda atrapado en las redes de los sentidos, termina por perderse en la oscuridad de la noche personal.

CUARTO: nunca olvides que por ti mismo, no puedes llegar a la casa del Padre: necesitas del estado de Gracia y esto,
sólo Él puede otorgártelo,


más... ¡eres tú quien lo atraes con tus acciones y pensamientos!... ¡Tantos deambulan por la casa del mundo, buscando "el maestro perfecto" que sueñan en sus fantasías para que los guíe hasta Dios! ¿No lo sabes? Tu Maestro es el espejo de ti mismo, tiene tu estatura, y de algún modo está hecho a "tu imagen y semejanza." No busques entonces al "maestro de maestros": purifícate primero para hallarlo y agradece lo que Dios pone en tu camino para guiarte porque ello es exactamente lo que te mereces. Así, el "estado de Gracia", te será dado, cuando tú mismo, ya curado de mundo, puedas alzarte hasta El. No hemos de querer correr, estando paralíticos, ni pintar permaneciendo ciegos, ni hablar si somos mudos. Cuando dejemos de dar la espalda a Dios y tengamos tiempo para Él, vendrá sin que lo llamemos, porque ello no será necesario. ¿Recuerdas lo que estudiaste?

"La razón por la cual la gente no me conoce, es por causa de sus "ICCHAS" -sus deseos-, piensan sólo en realizarlos, andan muy ocupados con ellos, con sus deseos, y así, no tienen tiempo para Mi..."

palabras que leíste en el Bhagavad Gita, como enseñanzas dadas por el Señor Krishna a su discípulo Arjuna.

Somos, ¡Ay! Cristos, pero... invertidos: nuestra cabeza mira hacia abajo, sólo tenemos ojos para las flores que se yerguen en los jardines de Maya, y sólo de vez en cuando recordamos el loto purísimo del Ser que nos espera pacientemente, ver regresar de nuestras aventuras por la Casa de la Noche.

Lo que nos rescata de ello es EL RECUERDO DE NUESTRA PROPIA ESENCIA DIVINA. Para ello, es de infinita ayuda la oración. No nos cansaremos de repetir una y otra vez, discípulo, medita, ora, constrúyete internamente ¡No es un juego la Vida... la Vida es una construcción, un trabajo de inefable arquitectura. Se nos ha dicho por eso que Dios reina en nosotros, no fuera de nosotros, y todo cuanto necesitamos es clarificación de la conciencia para SENTIR ESTA VERDAD.

Una vez más te repito: para buscar ese Divino Reino de la Alegría Perfecta y Eterna, hemos de estar atentos frente a aquello que trata de dejarnos sin tiempo para El. La inocente criatura humana, cuida más su guardarropa que su tiempo; éste último es para él como un cajón desaliñado y desprolijo donde arroja a menudo mil "horas-objetos" inservibles o vanas.

Busca pues, asear la casa de tus horas, BUSCA ASEAR TU MENTE, hazte tiempo para tu Ser: él te aguarda en tus reconquistados momentos de soledad, en tu glorioso silencio mental.

Y por último discípulo: toma el camino con alegría. ¡Vas hacia Dios, a pasos de gigante o a pasos de tortuga... pero vas hacia Dios!


Cierra entonces las puertas de tu corazón, a la tristeza, al recuerdo dañino, a la enfermiza nostalgia. Todos los días, tu Gran Amado, te regala la rosa de un nuevo amanecer, hace que te mire sonriente un nuevo Sol, cante un ave como si fuera la primera vez, a tu paso. Baña entonces tu alma en las aguas del contentamiento, y entiende que la milenaria metáfora del Fénix mil veces resurrecto, no nos fue dada para que la arrojemos indiferentes, en el pesado arcón de la historia. Tú eres esa ave Fénix mitológica, tú quien renaces de tus cenizas, tú quien aprendes a alzarte mil veces de cuanta llama finge devorarte cuando en verdad, lo que hace es sólo probar tus fuerzas y tu capacidad de alzarte nuevamente de la nada hacia el Todo que eres tú mismo.

¡Sabrás así que no hay misterios en el sendero espiritual! ¡Ni uno solo! El "Gran Misterio" te habita, mora en ti, el Gran Misterio, eres tú mismo develado...

Recuerda: te develas, cuando sales del cono de tus propias sombras, por ti creadas, para bañarte en la luz diamantina de la realización interior. ¡Todo tú, discípulo, eres la fiesta de Dios, su regocijo, su bienaventuranza! ¡Despierta! ¡Ve! ¡¡¡Asómate sin temor al sagrado "país de ti mismo" y sabrás que desde siempre te esperaba en él, todo un infinito de Paz, de Perfección y Sabiduría!!!








Todos podemos rezar: hacerlo como se debe hacer, es cosa muy diferente. A menudo, la criatura humana no sabe comer, ni sabe mirar... ni sabe pensar. Pareciera que todos nosotros estuviéramos destinados al error, a vérnosla con él en todos nuestros actos. Tal vez sea el medio del que se vale la vida para, precisamente, enseñarnos el camino opuesto, esto es, aquel en el que impera la virtud de la perfección.

Este "vivir equivocándonos", alcanza también a la oración. Es difícil, muy difícil, orar bien, el mundo nos distrae constantemente, nuestros pensamientos-sentidos, divagan... Debemos meditar sobre la correcta oración y tratar de llevarla a la práctica. Al respecto dice Agustín cristiano: "Señor del Universo, Padre de todo lo creado, te ruego me otorgues el don sagrado de saber dirigirme hacia Ti correctamente en la oración: me oirás así, habiendo encontrado el modo de lograr tu atención a fin de que me libres de todas mis ataduras"... Cuando repetimos el Ganapati Upanishad, decimos: "El que sabe como actuar correctamente ante Dios"...

Es triste ver como, miles de almas dilapidan su tiempo en iglesias y sinagogas, "haciendo" como que rezan, pero en verdad, distantes en alma y pensamientos de ese Dios al que invocan en sus oraciones. ¡¡¡Hemos pues de ganar conciencia y orar como se debe orar!!!

Contemos una historia al respecto:

En un lejano paraje de China, vivían dos boteros que a diario debían cruzar en sus embarcaciones, a las personas que iban de una orilla a la otra del río. El más joven se llamaba Li; el mayor, Luan. El más joven se hallaba siempre molesto e impaciente; el mayor, calmo y feliz, aún ante las tempestades que de tanto en tanto hacían difícil su labor de botero. El más joven siempre se quejaba de su suerte.

Pensar -decía- que hay quienes nacen para ser reyes, mientras que yo, deberé estarme en este río por el resto de mi existencia cruzando de un lado a otro, a gente que no me interesa...

Las reflexiones de Luan, el mayor, eran bien distintas:

Pensar-decía- que hay quienes nacen para ser reyes, para vivir prisioneros de sus deberes palaciegos, sin asomarse jamás a la belleza de mi río, al azul de sus olas, a la gracia de su brisa, llevando de un lado al otro, en mi preciosísimo bote, a hermanos con quienes dialogar durante el viaje y de quienes tanto aprendo... sobre todo... aprendo amándolos...

El joven Li, cruzó miles de veces el río y murió entristecido y amargado. Su alma era como la encarnación de la noche. Luan, el mayor, pereció, en medio de una tormenta cuando regresaba solo en su barca. Cosa extraña, los que presenciaron el episodio, jurarían que lo oyeron cantar, mientras le llevaba la corriente...

El río de nuestra historia es la oración, los boteros, la buena y mala mente. La que se entrega al acto de orar con amor es Luan; la que lo hace a regañadientes es Li. Las "personas" que cruzaban en la "barca" son las buenas o malas ideas: a las primeras las amamos y aprendemos de ellas. Las segundas nos llenan de tristeza y sinsabor.

Y por fin, la "tormenta", es la total posesión del alma por Nuestro Señor, la que nos lleva hacia el anchuroso mar de Su Ser, razón por la que Luan iba cantando, ya que nunca más regresaría a la tierra, habiendo conquistado su lugar entre los santos inmortales.

Imagina -decía también un viejo maestro- imagina a la oración como si esta fuera un reino sagrado y maravilloso: cada vez que ingreses a él, deberás hacerlo con alegría y pureza,


pero, sobre todo con alegría. La alegría es hermana del Amor. Dios quiere a los hombres llenos de sano optimismo y buena disposición. No vayas a ese reino a quejarte o lloriquear pidiendo perdón por tus pecados. Eso es de niños. ¿Crees acaso que Dios no sabe que el árbol de naranjos da naranjas y el ciruelo da ciruelas? ¡Imagínate a un cerezo gimoteando ante Nuestro Señor suponiendo que pudiese hacerlo- y diciendo: "Perdóname Padre Bueno, por no darte dátiles como el datilero! ¡Ay de mi!¡Mira lo que te ofrezco, un fruto blanduzco y húmedo!" Así de tontos somos los hombres, que vamos a nuestros templos a confesar a Dios cuán pequeños somos. ¡Oh no!

¡A los templos de Nuestro Señor se debe ir a una sola cosa: a cantar para El! ¡A danzar para El, como el rey David lo hacía!... En una palabra: se debe ir a amarlo con todo el corazón, con toda el alma...


¿Otro cuento al respecto? Existió en Egipto un orfebre muy capaz, quien, sabiendo que la vejez estaba ya cerca de su cuerpo, decidió tomar un aprendiz a quien dejarle toda su sabiduría... Le enseñó el arte del tallado de mil y un cofres, la selección de las maderas, en fin, todo lo pertinente a ese milenario conocimiento. Su aprendiz lo escuchaba con todo respeto asimilando cuanto le decía, si bien su pensamiento era otro. Muerto su maestro salió en busca de la perla más preciosa y la puso en el cofre peor labrado de todos, abriendo luego su tapa a la contemplación de varios reyes y ministros de reyes que se hallaban buscando una joya semejante. En los otros cofres maravillosamente labrados colocó también otras piedras preciosas, si bien ninguna de ellas poseía la realeza de la perla.

Por cierto, ministros y reyes disputaron a ésta última, mientras que esmeraldas y rubíes, puestos en los otros cofres pasaban desapercibidos... Esa perla es la del AMOR A DIOS, es LA DEVOCION, que luce como ninguna otra virtud, sea esta la de la castidad, la rectitud, la prudencia, la piedad, etc, etc. Los cofres de nuestra historia, simbolizan a las almas humanas. Pueden estar supremamente "talladas", en mil perfecciones, pero... si no poseen Amor a Dios, poco es lo que tienen en verdad. El aprendiz simboliza al alma despierta, que trasciende las formas bellas y busca la esencia de las cosas, como hacerlo no saben los eruditos, como el viejo orfebre que dominaba el arte del tallado, pero carecía de la perla que sí supo conquistar su discípulo más despierto para Ver el Sendero hacia Dios.

¿Y por qué el cofre "peor labrado de todos"? Nuestra historia quiere significar con esto que "... Ni por sacrificios, limosnas, actos virtuosos, supremo estudio, supremo conocimiento, puede nadie alcanzar a Dios: Tan sólo por Amor es posible llegar a El, oh Arjuna". ¡Cuántas almas, pero cuántas pasan en desvelo de ayunos, castidades, estudios, y se olvidan por completo que todo eso, sin Amor Total a Dios, apenas si es pálido bosquejo de lo que debiera ser: Ser un alma totalmente entregada por amor a nuestro Señor... porque... ¡Aunque seas máximo pecador entre pecadores, aún podrás bogar sobre todo pecado en la barca de la Sabiduría... (Si Me Amas oh Arjuna)!

¿Cómo vamos a conquistar a Dios, tan solo por el camino de la abstinencia? El que practica el celibato, ¿lo hace porque está enamorado de Dios, tan, pero tan enamorado de Dios que sólo a Dios ve y anhela, o porque se quiere a sí mismo y se tiene en tan alta autoestima que no pisa el terreno del "pecado" porque... está muy arriba de sus semejantes? (¡Según piensa!). El vegetariano, lo es por amor profundo a sus hermanos menores o, por temor de las úlceras y problemas digestivos?

Allí donde no impera el Amor impera la muerte. Dios y Amor son inseparables, son uno mismo; no se puede ir en pos de Dios de la mano de un diccionario metafísico, de ninguna mística especulativa, de ningún conocimiento meramente racional. Lo que hace precisamente "sagrados" a los Libros Sagrados es eso; son caminos, todos ellos, que nos señalan un único Reino: el Reino del Amor a Dios, puerta de salida de toda miseria, toda pequeñez, toda chatura.

Estando en India, quien esto escribe, veía a los monjes vedantinos recibir -no muy gustosamente a criaturas humanas provenientes de Italia, Estados Unidos de Norteamérica... etc, etc.

-Queremos una técnica para meditar -pedían- pero los buenos monjes ante estas palabras lloraban por dentro...

-¿Qué es usted? Preguntó a uno de ellos, el monje más joven. ¿Es usted una heladera o un televisor? ¿Quiere de nosotros una "técnica" para ensamblarlo? Sepa que eso es imposible, y que no hay técnicas para el Camino Espiritual: hay entrega en cuerpo y alma a Dios. Eso no se llama precisamente técnica. Usted no es un aparato. Mientras crea serlo buscará "técnicas". Regrese cuando esté convencido de que es otra cosa... cuando pueda amar a Dios sobre todas las cosas, como hace miles de años enseña su Biblia...

Sí: el Reino de la Oración es para el que sabe que este es un diálogo con el Amado, una cita íntima con el gran Idolatrado, y que debe asistir a ella ¡vestido de profundo afecto, la mente quieta y el corazón plenísimo de Devoción, con todo el sentimiento puesto en El!

Quien ingrese a este Reino avinagrado, culposo, apático, poca será la ventaja que extraiga.

Cuántas almas se apartaron de la oración, considerando a ésta última como algo triste y sombrío. ¡En verdad son caminos que nos extraen de una cárcel para dejarnos en libertad, bajo el Sol, el aire la luz, la perfumada brisa del estado de Bienaventuranza que nos otorga ese Amor a Dios del que tanto llevamos hablado!

Así pues, cuando oremos convendría que tengamos presente:

1.
Llevarle a Dios Nuestro Señor tanto Amor como podamos. Tanta Devoción como podamos. Tanto anhelo por alcanzarlo como podamos.


2.
No siempre es bueno repetir y repetir viejas oraciones: el alma humana es creativa. La repetición constante mecaniza la conciencia y adormece al espíritu que por ser hijo de Dios heredó de su Padre y Señor el don de crear. Entonces... ¡Creemos! ¡Dialoguemos con El! ¡Hablemos! ¡Cantemos como lo han hecho a través de generaciones todos los santos de todas las religiones! Ellos nos dieron ejemplos. ¡Sigámoslos entonces!


3.
Ser profundamente sinceros, ser auténticos, no orar por orar porque "eso es bueno"... "Sentir al orar que uno lo hace porque busca llegar a Aquel de quien todo provino, y sobre todo saber que se ora porque se quiere hacerlo.


4.
No poner tanto la atención en el cuerpo físico, la columna vertebral, los brazos, las manos, etc, que Dios acapare nuestro estado de alerta y no ningún vehículo perecedero.


Recordar siempre que Dios es alegría, Padre de los pájaros, de los colores, de los perfumes, de las brisas, del Sol, de la bellísima luna, de las estrellas, del cielo azul, de las auroras, de sus nubes felices y doradas, de la música, de los músicos, de los poetas, de los santos, de los filántropos, de los castos, de los puros... Recordar que debemos aprender a cantar, porque todo el universo es un canto a Su Nombre. ¡Es mentira la muerte! ¿Cómo puede existir la muerte en la casa del "Rey de la vida Eterna"? Dios que es Eternidad, ¿Cómo crearía algo como ello, totalmente opuesto a Su Naturaleza? La muerte es un invento de la ignorancia. ¡El nombre real de la muerte es "transformación"! Sintamos, sepamos esto "corazón adentro", pues para ingresar al divino Reino de la Oración, menester es primero sentirnos orgullosos de Nuestro Padre y Señor, no atemorizados, no culposos. Recién entonces podremos entender el rezo, comprender la santidad de la meditación!

¡¡¡Que todo esto sea logrado por nuestros espíritus
y que podamos comunicarlo graciosamente
y con alegría a nuestros semejantes!!!






Tendría unos cuarenta y cinco años, y era un famoso médico del "Cedar Hospital" de California. Sin embargo, se veía desdichado.

-He ganado concursos, títulos, honores, y para todo ello he debido trabajar duramente en mi profesión. Puedo enseñar a mis pacientes como superar una diabetes, hacer una delicada operación de cerebro... Pero no se como decir: "perdóname, ... estuve equivocado". Mi ego no me lo permite, me da la sensación de que esa frase me derrumbaría, me convertiría en nada y en nadie. Después de todo, el hombre es personalidad... Esa "maldita" frase, me dejaría sin ella, si tuviera el valor de pronunciarla... y finalizó:

-Lo simple y lo sencillo... ¡Vaya, qué complejo es...!

El médico de nuestra historia tenía razón. Uno puede levantar verdaderos mundos, si se lo propone, llegar a un Premio Nobel, conquistar lo difícilmente conquistable, pero... eso de "poner la otra mejilla"... o ... "amar a quienes no nos aman", o "querer al prójimo como uno se quiere a sí mismo"... hace miles de años, criaturas humanas de diversas latitudes fueron enseñadas por sus Maestros a transitar por ese Camino. Con pesar, y sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que todavía no lo hemos aprendido, y lo más triste de todo, es que, así como se nos presenta el rostro del mundo actual, con sus guerras, sus violencias, sus enconos múltiples, estamos lejos de aprenderlo...

-Es bella la vejez, me dijo cierta mañana, un pequeño hombrecito de ojos azules y mirada vivaz, quien me estaba orientando sobre una bibliografía en el British Museum de Londres.

-Los que estamos en el campo del intelecto, durante nuestra juventud, somos grandes devoradores de libros. A ellos los honramos con nuestra admiración, pero, al tratar de vivir lo que nos enseñan, no es fase que corresponda a la primavera, sino al invierno... Si por un milagro del Cielo tuviera que elegir entre las edades de la vida, creo que me quedaría con esta que tengo ahora. Es cierto que con mis casi ochenta años, el paso se ha tornado lento, pero... ¡¡¡puedo caminar con mucha mayor velocidad por dentro!!! Tampoco mi visión es óptima, mas, ahora selecciono lo que miro y sólo me detengo en aquello realmente importante para ese hombre misterioso que vive en el corazón, y que, como los cisnes mitológicos, se alimenta tan solo de eternidad...

Lo contemplé con asombro y admiración.

-¿Y qué es eso importante? Quise saber.

-Pues repuso... ¡LO SIMPLE! ¿De qué está conformado el universo? ¡DE AMOR! El es su esencia, y cuando esa esencia se manifiesta, nace la Vida. Los sabios pueden opinar lo que quieran al respecto, desmenuzar cada átomo y erogar sus teorías. Lo cierto es que allende todo el buceo de la mente, el mundo ES UN REGALO DE AMOR, QUE NOS HA DADO NUESTRO GRAN ENAMORADO. EL ESPERA DE NOSOTROS IDENTICO PRESENTE: NUESTRO MUNDO INTERIOR, PURIFICADO POR LA GRACIA DE SU RECUERDO CONSTANTE...

Parece tan sencillo, tan simple recordarlo... y ya ve Vd. cuan pocos son los que logran hacerlo ¡La mente saturada de ese Divino Recuerdo, es la única que puede volver la espalda a lo baladí, y lograr la felicidad eterna.

Casi nadie sabe como alcanzarlo, y sin embargo todos creemos entender eso del amor... ¡Vaya si es complejo y enigmático lo simple!... Amor y recuerdo... Recuerdo y amor. ¡Pero si todos comprendemos sobre ello! ¡Es tan sencillo! ¿Verdad? Finalizó con una sabia sonrisa plena de transparencia, y una oculta sabiduría que quería decirme: "... puede que sea sencillo, ... pero de allí a que lo entendamos..."

Muchos seres humanos, ya en el camino de la más alta entrega espiritual, se desbarrancan por haber fracasado precisamente en lo que parecía más simple, más obvio. Puede uno poseer marcado inegoísmo en las cosas materiales, ser capaz de entregar hasta el último centavo, pero,... ¡que nadie se aventure a quitarnos esos minutos de reposo luego de nuestro almuerzo, porque conocerá nuestros dientes!

-Yo creo que la vida se divierte mortificándonos, me dijo un árabe, mientras rebuscaba en su gastado Corán unas frases con las cuales apoyar su pésima comprensión de las cosas.

-¡Por el contrario! Dijo su compañero, de visión más amplia. Yo creo que ella y nosotros, juntos, nos divertimos muchísimo. ¡Nosotros somos su posibilidad de ser, y ella a su vez, nuestra posibilidad de realizarnos! Cuanto más sencillos nos tornamos, más nos alejamos del dolor, la angustia, el pesimismo... Es claro que hay que tener mucho caminado para aprender eso de la "inocente sencillez"... que no es tan inocente ni tan sencilla... Una cosa es cierta, sin embargo, se la conquista con alegría.

Cuando el Budha nos dice: "El odio no cesa con el odio, el odio cesa con el Amor", nos está señalando uno de los pilares misteriosos del Universo. Es el ángulo recto transformado en curva, la semilla que se olvida de sí para dar paso al árbol, la personalidad que se destruye para que en su lugar se alce la llama del espíritu... Sí, parece una frase tan poética, tan sencilla... y esconde sin embargo en sí misma, la sagrada Magia de lo Infinito, lo Perfecto...

Muchos años atrás, casi en mi adolescencia, conocí a un anciano hindú con el cual mantuve nutrida correspondencia durante años, y quien, en resumidas cuentas, sólo me dejó en herencia una frase:

-Aprenda Vd. a ser natural.

Todavía no lo he aprendido, y dudo mucho que lo haga. Uno puede ser un gran artista, como decíamos al comienzo, un Fidias, tal vez, un Miguel Angel, o un Bach, pero... "ser natural" es "estar en blanco" sin ninguna sobreimposición del ego, lo cual es equivalente a conquistar un grado muy alto de realización interior.

Occidente debería hallarse sumamente agradecido por el Maestro que le tocó en suerte: Jesucristo, cuyas enseñanzas están orientando hace dos mil años, a esta "oleada" de la humanidad, tan dada al "hacer", al "construir" hacia afuera, lo que le demanda una profunda movilización de su "Guna" o cualidad Rajásica, esto es, de actividad, la que siempre se ve acompañada por el espíritu pasional.

Para amortiguar lo que éste último genera, el Sabio Nazareno, en su Sermón del Monte, entrega la medicina precisa. Hemos de leerlo mil veces, hemos de estudiarlo palabra por palabra, unir conceptos, vestirnos de serenidad, y tratar de captar en todo su esplendor la majestad espiritual que posee.

Muchos jóvenes, sobre todo jóvenes, aunque también hombres de edad madura, toman desvíos, se van "por las ramas", prefiriendo la senda de las especulaciones complicadas para buscar "la Verdad"... Lo que generalmente se consigue con ello es perderse y alejarse de lo mismo que se pretendió hallar.

Hay en nosotros una conciencia periférica y amante de la cuantitatividad, que pasa de largo junto a lo esencial, y pierde su tiempo y energía con lo secundario. Esa conciencia miserable, tiene bien en menos las grandes enseñanzas de los Maestros Reales. Tal vez ignore el Sermón del Monte, pero es erudita en Freud, Hegel, Ortega, Bergson... Esa pequeña conciencia sigue el rastro del humo: todavía no ha aprendido a permanecer absorta en la llama. Lo realmente trascendente no gusta a su paladar sofisticado. Es como un hombre pobre: prefiere cubrirse con papeles de diario, con muchos, con multitudes de ellos. La simple manta, que le abrigaría más, no goza de sus favores.

Ella -esa conciencia-mente-, precisa apoyarse en lo cuantitativo, como decíamos unos párrafos más arriba. considera que "es" cuanto más tiene, cuanto más posee, cuanto mayor acopio de conocimientos haya hecho. Necesita "deslumbrar", precisamente, porque no tiene "Lumbre". Quienes no poseemos despierto el FUEGO INTERIOR, tenemos por costumbre hablar muchísimo de ese fuego. El que lo ha conquistado, en cambio, lo muestra en silencio.

Siempre me ha maravillado, en los Maestros Reales, la brevedad de sus enseñanzas... Aquel socrático "Sólo se que no se nada", es el resumen total de la filosofía mística de San Juan. El Tat Vam Asi, (Aquello 'DIOS', eres Tú) de los vedantinos, condensa en tres palabras, los cincuenta y cuatro libros de Plótino, expuestos en sus seis Enéadas... Después de todo, y luego de "pasearnos" por la filosofía, y hablarnos del Bien, de la Inteligencia, del Alma... termina escuetamente, "ESTAR A SOLAS CON DIOS SOLO".

Kant mismo, escribió un dificultoso tratado sobre la "Crítica de la Razón Pura Práctica", lo cual se halla definido en una simple Sloka del Bhagavad Gita...

- A lo simple arribamos, me dijo un día una brillante discípula, la profesora Mabel Lavintman, actual Directora Internacional de AMHA, cuando nosotros, a la vez, nos tornamos simples.

Solo siendo capaces de transmutarnos en sencillez seremos capaces de comprender lo sencillo...


¿Será por eso que nuestro hombre contemporáneo sufre de angustias, soledades y tensiones constantes? ¿Por su falta de simplicidad? ¿Por su incapacidad de asomarse a las cosas con el corazón purificado por la humilde sencillez?

Leer las Enseñanzas Sublimes de los Hombres Sublimes, sin que su constante lectura nos resulte tediosa. ¡Esa es la clave! Saber que la mente-personalidad, la mente-'humo', la mente-veleta, en fin, la pequeña mente, es la que se hastía de la repetición de enseñanzas que son GOZO DEL ALMA.

-Debía cruzar una fuerte corriente de agua, explicó cierta vez un nadador. Mi lucha contra ese bendito río fue tremenda... -¿Y llegó Vd. a la otra orilla? Quiso saber alguien que le escuchaba. -Por cierto que sí, repuso con una espléndida sonrisa. -¿Cuál fue la clave para ello? -Una muy simple: ¡Recordar que sólo debía seguir nadando!

Esto se acomoda muy bien con todo lo que llevamos dicho:

¡debemos, simplemente, alimentarnos hoy, mañana, siempre, de la misma verdad: cambiarla, obedeciendo al "paladar" del intelecto! Proclive a buscar constantemente nuevos "pasajes" racionales... Amar lo simple y lo sencillo... Amar el camino... sin desvíos... Si eso logramos ¡Qué alegría! ¡¡¡Es posible que podamos llegar a nuestra casa, en el corazón del Padre, donde reinan la paz y la bienaventuranza eternas!!!

HASTINAPURANO:
¡¡¡alimenta tu espíritu
de las verdades simples;
crece y haz crecer
a través de tu océano de Amor,
a los que buscan el Sagrado Puerto!!!





"Cuando a menudo la mudable y veleidosa mente se desvíe, refrénela y sojúzguela bajo el dominio del espíritu"

Bhagavad Gita, Cap. VI


Los sentidos, esos cinco geniecillos traviesos, juguetones e indisciplinados, van de correrías al parque del mundo. Ora, les llama la atención un edificio, ora, un objeto, un cartel, un sonido, un olor... La mente, como una niña sumisa, va tras ellos, sin protestar.

-¡Quiero una radio!, exclama el oído.

-¡Yo deseo esa maravillosa torta de chocolate expuesta en esa vidriera!

-¡Y yo ese hermoso traje de la casa de modas!

Los "Yo quiero"... "Yo deseo", "Cómprame"... "Dame"... de estos geniecillos, son innumerables y van, desde los inocentes requerimientos mencionados hasta los otros nefastos y dramáticos que lanzan en carrera desenfrenada a los negros corceles de las ambiciones más diabólicas: la pasión desmedida por el dinero, caiga quien caiga, por el poder, se pise a quien se pise. De ello, nace el crimen en todas sus dimensiones, desde el narcotráfico, las fábricas de armas, hasta la destrucción del planeta, como saben los ecologistas.

... Y todo, por la falta de control de la mente sobre sus sentidos. Una mente sin preparación, sin información, una mente soldada, incrustada en el mundo material, una mente que nada ve, más allá de formas y objetos materiales, una mente densificada por la pasión, aturdida por el miedo, soliviantada por el deseo, una mente así, es la peor enemiga que tiene el Bien sobre la Tierra.

No existe libro de real sabiduría, que no nos enseñe el arte de apartar la mente de lo mundano, es ese, el primer intento de profilaxis espiritual. Tal vez, lo que esencialmente debamos aprender, es que TODO PASA. Repetirnos esto constantemente. ¿Vale la pena perder el alma, la moral, por lo perecedero? No debemos observar el mundo con los ojos del deseo. La quietud interior, la GUARDA DE LOS SENTIDOS, el mantenerlos disciplinados y NO CONECTADOS DESMEDIDAMENTE CON EL MUNDO EXTERIOR, son los primeros pasos del Camino Espiritual.

Los sentidos no deben agitar la mente;
la mente no debe obedecer a los sentidos.


Esta última, pacientemente, debe constituirse en MORADA DE NUESTRO SEÑOR: pensar constantemente en El, vivir para El, hacer todo por Unirse a El.

En "El arte de la Oración" leemos:

"Lo esencial consiste en presentarse ante Dios,
con el intelecto encerrado en el corazón,
y perseverar así, noche y día,
hasta el fin de la vida".


Hay quienes dicen: "Sí, esto es glorioso, pero... ¿Cómo mantener la mente en Dios, viendo tanto mal en el mundo?" Respondemos a esto que, nada ganamos, ni ningún bien se logra, dejando que la mente se angustie participando del mal, con mil lamentos. Una mente puede mejorar el círculo donde actúa, tornándose positiva, clara, serena. Ese tal vez sea el mejor camino para practicar todo cuanto se lee de bueno y constructivo. La práctica espiritual, no necesariamente requiere de reclusión ni apartamiento; esto último es para pocos privilegiados. Nosotros podemos realizar nuestras prácticas en el mundo, con el cual convivimos a diario. Dejar que nuestros pensamientos positivos impregnen hasta diluir ese "smog" de las "malas ondas" que hallamos por todas partes. Nos constituimos así, en criaturas benéficas para con nuestros semejantes.

Dejemos que nuestra mente descanse una y otra vez con el recuerdo constante de Nuestro Señor, fuente de toda inspiración altruista. Cuando se distraiga y vaya hacia el mundo, siguiendo los pasos de esos geniecillos traviesos de los sentidos, que tan a menudo la pierden, traigámosla nuevamente a su centro. Hagamos esto una y otra vez, hasta que el éxito corone nuestros afanes.

Recordemos:
nada puede ser de tanta ayuda para la realización del ser humano
como una mente instruida en el difícil arte de estar en su Centro:
y su Centro, su único Centro,
es el Permanente Recuerdo de Dios.



Quien a El lo recuerda y a El se une, ¿Puede ser acaso malo?

Esa es la Conciencia Diamante, de la que nos hablan nuestros sagrados libros de mística. No es el mundo quien debe encandilarnos, hechizarnos sin medida, a punto de jugarnos el todo por el todo, para poseerlo.

Vivir en él, mejorarlo con nuestras acciones, pero... tener la mente en Dios y, si Unión y compañía buscamos, que sea la única que perdura, no se marchita y es perfecta: la de Nuestro Señor.






Librería "de viejos"... y allá, en un polvoriento rincón, un libro de doscientos veintidós años. Un abuelo. Cuando él nació -mil setecientos sesenta y nueve- la revolución francesa era todavía un sueño, y los Luises de Francia gobernaban aún una parte del mundo. Buenos Aires dormitaba en su cuna de "Gran Aldea" y los Virreyes paseaban en sus berlinas señoriales...

Sin embargo, allá, en un convento de Pamplona, España, nacía este libro. "Exercicios Espirituales", dice su nombre, escrito en castellano antiguo... "Exercicios Espirituales de retiro", con el cual, monjas franciscanas, bien dispuestas a escalar la dura cuesta de la práctica religiosa, para merecer el abrazo de Nuestro Señor, tomaban ese camino sin regreso. Ese viejo libro, era su inspiración y consuelo.

Pensamos: ¿Cuántas "últimas noticias", cuántos políticos famosos, revoluciones de moda, guerras, etc, cuánta, en fin, agua maculada de temporalidad, de intrascendencia, cuánta vida y muerte y villanía pasó bajo el puente del calendario, cuántas horas fueron devoradas por la hambruna nunca ahíta del Cronos heleno, en estos dos siglos?... Enumerarlas sería imposible.

Sin embargo, allá, en un viejo convento franciscano, se acuñaba misteriosamente un mensaje para ese hombre sin edad, que vive dentro de los efímeros hombres; se acuñaba un mensaje celeste, un mensaje de la Gran Patria y el Gran Camino.

Aquellas monjas del Padre Francisco de Asís, que lo leían, ignoraban, seguramente, que este pequeño librito, vertería, como fuente cristalina, el agua purísima de su mensaje espiritual, para los hombres del siglo veinte.

En el poema que transcribimos a continuación, está el ansia del Hombre despierto, sea chino, judío, africano o ruso. El "hacernos perfectos como Nuestro Padre que está en los Cielos es Perfecto", y que aquí, en este poema se compendia tan maravillosamente:

Soliloquio y Meditación Frecuente Del Hombre Sabio

¿Yo para qué nací? ¡Para salvarme!
Que tengo que morir, es infalible.
Dejar de ver a Dios y condenarme...
triste cosa será, más es posible.
¿Posible y río, y duermo, y quiero holgarme?
¿Posible y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago? ¿En qué me ocupo? ¿En qué me encanto?
¡LOCO DEBO DE ESTAR, PUES NO SOY SANTO!


Luego, como un colofón magistral, una cuarteta, escrita seguramente con la diamantina pluma de un querubín:

Muere si quieres vivir,
Sufre si quieres gozar,
Baja si quieres subir,
Pierde, si quieres ganar...


Librería de viejos... Un lucero, en medio del polvo, una llama ardiendo entre las cenizas... Desde el fondo del corazón, damos gracias a las manos que acariciaron su cubierta de pergamino, sus páginas de papel de arroz, gracias por el respeto y la ternura con que lo hicieron. Ello permitió que este libro llegara hasta nosotros.

¡Releamos, lector, el poema de este "soliloquio":
nos hará mucho, muchísimo bien!




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